cómo fue mi infancia?

15:36 12/02/2012
Mi infancia fue ampliamente educativa y llena de curiosidades a las que yo iba dando un formato especial, poco a

poco, día tras día, iba tomando forma un sentido de la realidad que me mostraba las cosas del mundo con un abanico

de colores, pero en el trasfondo de esos colores había dos tonalidades que se diferenciaban muy bien, me refiero a

la diferencia que hay entre el bien y el mal.
 Un día de verano, en que me encontraba en el jardín de infantes, sentí un llamado raro desde el patio de la casa en

donde aprendíamos a jugar y a escribir, sin pensar en lo que dejaba adentro, salí al patio, miré a todos lados y no

vi a nadie, sólo estaban algunos amiguitos del jardín jugando sin darse cuenta de lo que estaba pasando.
 De repente, se me presentó a los ojos y a los oídos un personaje que me habló en una lengua extraña y nueva para

mí, al mismo tiempo de hablar, ese personaje soplaba una flauta de sonidos poliarmónicos y dulces, que podrían

engañar a cualquiera sin tomar conciencia de lo que pretendía aquel personaje. La melodía extraña atraía a los

sentidos, y a la vez, tenía una intención subyacente del personaje a los que pudieran oír que los arrastraba hacia

él.
 Yo me sentí atraído en un primer momento, pero luego comencé a entender lo que decía ese personaje extraño y que

llegaba a mis oídos directamente, era un desafío.
 Un desafío que atentaba contra mi vida, y la de los demás que estaban ocasionalmente alrededor de mí. El personaje

ese, no era otro que el mismísimo "mandinga", como suelen llamarlo en la zona rural del litoral argentino.
 Un demonio poderoso, jefe de hordas de demonios perniciosos de toda clase, un capataz del mal, un capitán de

grandes poblaciones a las que tiene sojuzgadas mediante su poder maligno.
 Me habló en la lengua latina, y medijo que yo no iba a poder sobrevivir a su desafío, era cortés en lo que decía,

como si respetara mi persona, en el desafío yo tenía que pasar duras pruebas del mal, y ese personaje vaticinaba que

yo no lograría superar las pruebas y que moriría muy joven, que él tendría a su cargo tentarme y ponerme a prueba

durante toda mi corta vida. A la vez, me ofrecía a cambio de subyugarme a sus deseos, toda clase de placeres,

poderes y beneficios materiales y cosas mundanas a las cuales yo rechazé de inmediato, negándole entidad a sus

ofrecimientos, y diciéndole que yo aceptaba su prueba a cambio de que dejara en paz a mis amiguitos, y a toda su

pretensión de matar a muchos en el transcurso de mi vida, ese fue mi contradesafío, le dije que no lograría vencer

ante mi esperanza en el señor Jesús, por mi fé en su bondad y misericordia.
 Yo tenía cuatro años de vida y éste energúmeno del maligno, me estaba proponiendo un desafío fatal, por último, y

antes de que desapareciera de mi vista, esfumándose en una nube de color amarillento oscuro, y dejando un olor a

azufre en el aire, lo increpé de tal manera que le dije que no quería volver a verlo hasta que se cumpliera el plazo

que él mismo había propuesto para dar fin a mi vida.
 Este fue el encuentro más temprano de mi vida con el demonio llamado "mandinga".

en aquellos días no entendía...

La casa de mi padre, en donde vivíamos, era para mí un solar de juegos y correrías de niño que compartía con mi hermano mayor, Roberto, a quien le debo gran parte de mi caracter y manera de ser.
Yo lo seguía a todas partes siempre y cuando él me lo permitía, porque yo era para él una carga molesta y un eterno compañero de juegos que no entendía su visión de las cosas.
La casa tenía un amplio patio en donde había un corral de gallinas, un par de plantas de pomelo, un pozo de agua salitrosa, y un reducido cuadro de plantas florales que mi madre cuidaba de no estropear para mantener las flores bien regadas y rozagantes.
Allí corríamos y hacíamos hoyos en el suelo, a veces para jugar a las bolitas o para derramar plomo derretido en los moldes del suelo, con formas ovales o redondas, inclusive hasta de forma cuadrada, y dejándo enfriar el plomo, se formaban las plomadas que servían para ir a pescar.
Al lado del corral de gallinas, había una casilla que albergaba una letrina, con el piso hecho de cemento a dos niveles, y un hueco en el medio. Allí yo entraba pocas veces porque tenía miedo del hueco de fondo oscuro, que no sabía hasta qué profundidad llegaba. Luego con el correr de los años me animaba a entrar sin ayuda de mi madre.

por donde comenzar?

Creo que todo comenzó cuando nací. Nací en el año del Señor de 1967, apenas pude respirar y ya tengo un recuerdo de dolor, una mujer me rescató del cesto de basura y enterneciéndose de mí me arrupó y me dio su calor y cuidado inmediato, tenía la cabeza rota por los golpes que me había dado mi propio padre, así, medio muerto, como si fuera un producto de un aborto, intenté hablar y pedirle a aquella mujer que me cuidara y me llevara al lado de mi madre, pero no me salían palabras, en lugar de ello, emitía un sonido agudo desde las paredes y el cielorraso de la clínica en donde me habían traído al mundo, era un sonido indicador para aquella mujer, yo la guiaba hacia la habitación donde estaba mi madre y de donde me habían sacado aún sin haberme vestido por primera vez en mi vida, mientras guiaba a la mujer piadosa, a tientas, como cuando un niño recién comienza a caminar, yo le iba dando orden a su mente horrorizada y desordenada, y así, a la vez que me ayudaba a llegar a los brazos de mi madre, yo le daba un ordenamiento a sus pensamientos y le plasmaba en su mente una forma de pensar y razonar.

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